“Debemos ser capaces de lograr un equilibrio entre las ambiciones ecológicas, nuestras necesidades productivas y la rentabilidad económica de las explotaciones” – Ignacio López (ASAJA)

“Debemos ser capaces de lograr un equilibrio entre las ambiciones ecológicas, nuestras necesidades productivas y la rentabilidad económica de las explotaciones” – Ignacio López (ASAJA)

Entrevista al director de Relaciones Internacionales de la Asociación Agraria Jóvenes Agricultores (ASAJA), Ignacio López

Syngenta arranca con esta entrevista una serie que ofrecerá la visión experta de representantes de las principales organizaciones profesionales agrícolas de nuestro país sobre el contenido de la nueva reforma de la Política Agraria Común (PAC).

PREGUNTA – Desde Bruselas, el titular más repetido es que la nueva PAC 2023 – 2027 será «más justa» ¿Comparten esta valoración en su organización?

RESPUESTA – Bruselas tiene una enorme habilidad de esconder, bajo bonitos eslóganes y premisas globalmente aceptadas, compromisos y obligaciones bastante menos amables. Y esto es muy frecuente cuando se trata de anunciar sus políticas y estrategias.

Por tanto, ¿cómo no desear “una PAC más justa, más verde y más sostenible”, como pregona la nueva PAC? ¿Cómo no ambicionar una mayor “biodiversidad, que devuelva la naturaleza a nuestras vidas” o “un sistema alimentario equitativo, sano y respetuoso con el medio ambiente”, como anuncian las estrategias del Pacto Verde Europeo? Exactamente igual que deseamos, si cabe con mayor intensidad, mayor simplificación de la PAC. Sin embargo, la PAC es cada vez más compleja, más burocrática y más difícil de entender para los profesionales agrarios, y no digamos para el resto de la sociedad.

Vemos que los únicos análisis disponibles relativos a las estrategias comunitarias ‘De la granja a la mesa’ y ‘Biodiversidad 2030’, y los compromisos de reducción y limitaciones de producción, concuerdan en que los efectos de una eventual puesta en marcha de dichos compromisos, tal y como vienen cuantificados, tendrán efectos muy negativos en la producción comunitaria, aumentando la dependencia de las importaciones, incrementando los costes de producción y el precio al consumidor final y reduciendo las exportaciones y el PIB de la UE, mientras que los efectos positivos para el clima y el medioambiente se verían muy matizados por efectos de las emisiones importadas al trasladar la producción a otros países de fuera de la UE.

Cuando la UE habla de una PAC más justa, se refiere a una serie de intervenciones tales como la convergencia o la distribución de pagos directos, tanto en la limitación como en el pago redistributivo, así como otras intervenciones a favor de los jóvenes y la perspectiva de género o la denominada “cláusula social”. Algunas de estas intervenciones ya estaban en marcha en la actual PAC, como es la convergencia interna, con una situación muy dispar de cada uno de los países de la UE.

Otras intervenciones, como la limitación de los pagos y la degresividad quedan a voluntad de los Estados miembros, quienes decidirán su aplicación o no, y sus distintas modalidades. Tres cuartas partes de lo mismo sucede con el pago redistributivo, que cada país va a aplicar a su manera.

Se incrementa, es cierto, el porcentaje de ayudas que recibirán los jóvenes agricultores que deseen incorporarse a la actividad agraria como jefes de explotación; incluso se pueden beneficiar, como quiere hacer España, las mujeres, con su entrada como jóvenes agricultoras a través de un complemento adicional.

Por último, se incorpora una llamada “cláusula social” que busca ligar los pagos de la PAC al cumplimiento de la normativa laboral (ya existente, por otra parte), de tal manera que determinados incumplimientos puedan ser sancionados, no solo a través de las inspecciones y sanciones de las autoridades laborales, sino también con penalizaciones en los pagos de la PAC.

P. – La reforma incluye condicionantes dirigidos a ese cambio de modelo hacia una agricultura más ecológica y, sobre todo, más sostenible. ¿Qué impacto cree que tendrá esto en la agricultura española? ¿Está preparada?

R. – Posiblemente si algo define a esta reforma de la PAC es su mayor ambición ecológica y climática, de acuerdo con la decisión y compromisos adoptados por la UE tanto en sus prioridades políticas para los próximos años (Pacto Verde Europeo), como en los distintos foros y acuerdos internacionales (compromisos COP y ODS), de manera que todas las políticas comunitarias deben comprometer al menos el 30% de su presupuesto a objetivos medioambientales y climáticos. En el caso del sector agrario, este porcentaje se eleva al 35% del total de los gastos de la PAC y, en lo relativo al segundo pilar, se deberá alcanzar el 40%.

Pues bien, el PEPAC [Plan Estratégico de la Política Agraria Común para España] va aún más allá, y el compromiso ambiental y climático se estima que vinculará al 43% de los gastos previstos en nuestro Plan Estratégico.

Toda Europa, y España no es una excepción, ha ido mejorando en los últimos años sus datos en cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero, reducción del uso de fertilizantes, productos fitosanitarios, antibióticos e incluso en consumo de agua en nuestros regadíos. Y todo esto, mejorando y desarrollando la productividad agrícola y ganadera.

Sin embargo, las nuevas estrategias que la Comisión Europea, a través del vicepresidente Timmermans, responsable del Pacto Verde Europeo, plantean unos porcentajes de reducción que, según los estudios disponibles, van a tener consecuencias negativas en la productividad europea, haciéndonos más dependientes de las importaciones y encareciendo los precios, tanto para el productor como para el consumidor.

Debemos ser capaces de lograr un equilibrio entre las ambiciones ecológicas, nuestras necesidades productivas, la rentabilidad económica de las explotaciones, unas relaciones comerciales leales y transparentes y nuestro liderazgo en el mercado internacional de productos alimentarios.

P. – ¿De qué manera influirá la nueva política agraria en el mundo de la sanidad vegetal?

R. – El debate sobre los productos fitosanitarios y veterinarios es uno de los protagonistas en los distintos foros, nacionales, comunitarios e internacionales. Lo vemos en las distintas decisiones que, muy a menudo con consideraciones basadas más en las emociones o en la oportunidad política que en la evidencia científica, toman algunos países en cuanto a la prohibición unilateral de determinadas sustancias para la protección de cultivos, ya sean herbicidas como plaguicidas.

También lo vemos en la cuantificación de los porcentajes de reducción u obligaciones futuras de implantación en las distintas estrategias comunitarias y sus “hojas de ruta” que se quieren imponer, incluso sin tener carácter legal vinculante ni estudio de impacto serio que los avalen. Lógicamente, cualquier restricción que se tome a nivel comunitario tiene sus consecuencias en la competitividad del sector europeo frente a sus competidores en el plano internacional. De ahí que surjan serias amenazas de desequilibrios en las relaciones comerciales, con situaciones de desventaja comparativa de unos países más exigentes en materia fitosanitaria, en bienestar animal, en respeto medioambiental o en protección de la biodiversidad, respecto a otros más laxos en el cumplimiento de estas aspiraciones, en teoría, globales.

P. – ¿Son suficientes los 47.724 millones de euros que se destinarán a nuestro país hasta 2027? ¿Dónde se debería haber puesto un mayor foco?

R. – La PAC acaba de cumplir 60 años y, según todos los datos del Eurobarómetro, goza de bastante buena salud y la mayoría de los europeos la ven con muy buenos ojos. Esta visión se ha visto sensiblemente reforzada tras pasar los momentos más duros de la crisis del COVID en los que el conjunto de la cadena, agricultores, industria, distribución y comercialización, han dado lo mejor de ellos mismos para garantizar el aprovisionamiento diario de alimentos a la población.

Hoy día, la PAC representa poco más del 30% del total del presupuesto de la UE que, debemos recordar, ronda el 1% del PIB del conjunto de la Unión. Esto es menos de la mitad de lo que significaba hace unos años, a finales de los 70. Esto es así, nos guste o no, y el Marco Financiero está aprobado y podemos hacer los cálculos como queramos, en precios constantes o corrientes, contando o no la inflación, con mensajes más o menos triunfalistas. Ahí está, y ahora lo importante es aprovecharlo bien.

Debemos hacer entre todos un ejercicio de análisis y reflexión sobre qué realidad productiva y qué estructuras tenemos, cuáles son los retos de futuro que debemos afrontar, con qué herramientas podemos contar y qué modelo de agricultura y de agricultores queremos para el futuro. En todo este debate, desde mi punto de vista, es esencial contar con una serie de factores esenciales, a saber, los agricultores, la tierra, el agua, el clima, la digitalización, la innovación y la tecnología.

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