Entrevista a José Miguel Mulet - “Esperemos que la gran batalla perdida en los 90 y los 2000 con los transgénicos y la biotecnología sirva de lección para futuro”

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José Manuel Mulet

“Escribo libros. Edito plantas. Dirijo tesis”. La forma en la que se presenta a sí mismo el divulgador científico José Miguel Mulet, catedrático de la Universitat Politècnica de València (UPV) e investigador en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (UPV-CSIC), sirve como declaración de intenciones. Sus reflexiones, no exentas de polémica, son también de las más respetadas. Con motivo del mes donde se celebra el Día Mundial de la Biotecnología (16 de junio) le hemos planteado que nos ayude a tomar el pulso a esta ciencia. Así lo ve él:

PREGUNTA.- Usted siempre ha hablado de la necesidad de la agricultura de comunicar mejor. Los lectores de este blog ya son plenamente conscientes de los beneficios que reporta la implementación de la ciencia en la agricultura para hacerla más productiva y sostenible, pero ¿Qué más hace falta para que este relato salga del ámbito de la divulgación y se introduzca y asiente en las casas de los consumidores? ¿Qué tiene la palabra ‘biotecnología’ que hace que parte de la sociedad todavía la lea de reojo?

 

RESPUESTA.- El problema que tenemos es que durante mucho tiempo las empresas que se dedicaban a la agricultura no han comunicado. Se han preocupado solamente de su cliente, que era el agricultor, y se han olvidado de que, en última instancia, su cliente último es la sociedad, que es la que va a consumir los productos que genera el agricultor y toda la cadena de distribución.

Y, claro, si tú no decides comunicar a la sociedad, ese espacio lo va a llenar otra persona u otra institución. En este caso, el espacio lo han llenado los grupos ecologistas, que han logrado fijar su discurso en temas como la biotecnología o los transgénicos. Eso, en Europa principalmente, nos ha costado miles de millones y que la agricultura perdiera gran parte de su potencial y de su mercado.

Parece que ahora, con las nuevas tecnologías como el CRISPR [clustered regularly interspaced short palindromic repeats; repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas, en español], no va a pasar, pero se perdió una gran batalla en los 90 y en los años 2000 con el tema de los transgénicos o la biotecnología. Esperemos que sirva de lección para el futuro.

P.- Se espera que la nueva PAC y la aplicación de los principios de la estrategia ‘Del campo a la mesa’ supongan un impulso para la innovación en el campo. ¿Es optimista en este sentido?

 

R.- Soy muy pesimista porque, cuando me las he leído, he visto que en todas partes se hablaba de agricultura ecológica, de limitar el uso de pesticidas y, lo que más me ha llamado la atención, es que se hablaba siempre de superficie: de la superficie de cultivo que tiene que ser ecológica, etc. Hasta donde yo sé, cuando vamos a comprar comida la pedimos en kilos, no en superficie. Que estén hablando de superficie ya hace pensar que se van a esperar caídas de rendimiento. Y si tenemos una caída de rendimiento, ¿de dónde vamos a sacar la comida?

P.- ¿Qué reflexiones se le ocurren cada vez que lee o escucha que los agricultores cuentan cada vez con menos productos fitosanitarios con los que proteger sus cultivos?

 

R.- Desgraciadamente, hace tiempo que vengo oyendo esa realidad, la de que los agricultores cada vez cuentan con menos herramientas para sus cultivos. El problema es que no son todos los agricultores del mundo, sino solo los agricultores de Europa.

En cambio, estamos comprando alimentos a terceros países donde están utilizando productos que aquí están prohibidos. Por lo tanto, no estamos jugando en igualdad de condiciones. Esto sería como ir a jugar un Mundial de fútbol en el que todas las selecciones estuvieran formadas por jugadores profesionales y, nosotros, obligados a ir con juveniles.

Obviamente, esto tendría que ser lo primero que debería abordar la estrategia ‘De la granja a la mesa’: tratar de competir con las mismas herramientas. Y que la autorización se base en criterios científicos sólidos, porque muchas veces se prohíben productos en el campo básicamente por iniciativa popular. Esto es una aberración.

P.- De todas las ventajas que permite la aplicación biotecnológica en la protección de cultivos, ¿Cuáles le parece que tienen mayor peso para el agricultor? ¿Y cuáles son más infravaloradas?

 

R.- Si hablamos de lo que hay autorizado en la actualidad, que básicamente son variedades resistentes a insectos, ya están ofreciendo una gran ventaja al agricultor porque le han permitido ahorrarse millones de litros de insecticida.

¿Qué viene ahora? Asumiendo que no va a haber muchas autorizaciones de transgénicos para cultivo, podemos pensar en el CRISPR. De momento, la mayoría de aplicaciones del CRISPR están pensadas para el consumidor, para aumentar la salud y el contenido nutricional de los alimentos. Si eso hace que luego el agricultor tenga más demanda de ese producto, bienvenido sea.

En general, creo que van a llegar muchas mejoras, pero es difícil aventurar cuáles van a tener más éxito comercial.

P.- ¿A qué tendencias en ese campo debemos estar atentos en los próximos años?

 

R.- En el campo hay dos tendencias a las que tenemos que estar atentos. Por una parte, el uso de bioestimulantes, por una cuestión legislativa. Al ser sustancias de origen natural, su proceso de aprobación es más fácil. Hay que tener en cuenta que se han vendido muchos bioestimulantes que no tenían ningún efecto, pero ahora contamos con herramientas científicas para poder evaluarlas. Creo que esto va a ir cada vez mejor.

Por otra parte, el tema del CRISPR, con el que no va a pasar lo mismo que con los transgénicos y, cada vez, lo vamos a tener más fácil para utilizar nuevas herramientas.

P.- ¿Con qué mito se queda, por surrealista o inverosímil, de todos los que circulan alrededor de los organismos modificados genéticamente?

R.- Lo que pasa con los mitos sobre los transgénicos es que han ido cambiándolos con el tiempo. Al principio decían que eran cancerígenos, tóxicos, etc. Lo tuvieron que cambiar, porque era obvio que era falso. Luego dijeron que el problema era con el medioambiente, que contaminaban. También lo tuvieron que cambiar porque era falso. Al final, decían que el problema era de las grandes empresas, de los monopolios, y también lo han tenido que abandonar.

Yo creo que el mito más asentado es que las compañías de transgénicos obligaban a los agricultores a comprar semillas de transgénicos. Bueno, si alguien conoce a un agricultor que le haya pasado, que me lo diga. Yo todavía estoy buscándolo.

P.- Seguro que no le han hecho nunca esta pregunta: ¿Cuáles son las diferencias entre un transgénico y un CRISPR?

 

R.- Un transgénico es como ‘copiar y pegar’: copias un trozo de ADN de un organismo en otro. En cambio, un CRISPR es como corregir, editar. Como cuando tú estás escribiendo en un ordenador, te equivocas, llevas el cursor y corriges unas pequeñas bases. La principal diferencia es que el transgénico tiene ADN foráneo y el CRISPR no.