Las ‘zonas vulnerables’ y la necesidad de promover un manejo sostenible del nitrógeno en agricultura

Las ‘zonas vulnerables’ y la necesidad de promover un manejo sostenible del nitrógeno en agricultura

Las ‘zonas vulnerables’ y la necesidad de promover un manejo sostenible del nitrógeno en agricultura

Uno de los problemas pendientes de solución de la agricultura española es la contaminación de las aguas por nitratos procedentes de fuentes agrícolas, las zonas vulnerables. Parte importante de ese nitrógeno en la agricultura que termina en las aguas deriva del exceso de aportes nitrogenados de los fertilizantes químicos y orgánicos.

En los últimos tiempos, las administraciones están regulando, con mayor o menor grado de acierto, esta cuestión, elevada al rango de problema de salud pública, en tanto que complica el abastecimiento de agua segura de las poblaciones afectadas. Además, se trata, obviamente, de un desastre medioambiental por la pérdida de biodiversidad de los ecosistemas que provoca, generando zonas vulnerables.

Con todo ello, surge la figura de zona vulnerable a nitratos de origen agrícola, que según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) se refiere a “la superficie del terreno cuya escorrentía fluya hacia las aguas afectadas, o que podrían verse afectadas si no se toman medidas, por la contaminación por nitratos procedentes de fuentes agrarias y aquellas superficies del terreno que contribuyan a dicha contaminación”.

A comienzos de 2022, el Consejo de Ministros, a propuesta del Miteco y el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA), aprobó la actualización del real decreto sobre contaminación producida por nitratos, norma que busca alcanzar los objetivos ambientales impuestos por los planes de cuenca y la Unión Europea.

Esta actualización establece criterios más ambiciosos para identificar mejor las aguas afectadas por nitratos y endurece los umbrales para la declaración de aguas afectadas y para la designación de zonas vulnerables. Lo hecho hasta entonces no había dado sus frutos y desde Comisión Europea estaban empezando a mirar con recelo los esfuerzos españoles.

El caso de Castilla y León

La nueva norma se une a las ya existentes a nivel regional en muchas de las comunidades autónomas más afectadas por el problema de la contaminación por nitratos. Un ejemplo es Castilla y León, cuyas zonas vulnerables están reguladas por el Decreto 5/2020, de 25 de junio, abarcando cerca de 14.000 km2 (718 ayuntamientos o términos municipales) de la zona central de la CC. AA, datos facilitados por el jefe del Servicio de Evaluación Ambiental de la Consejería de Agricultura de Castilla y León, José Guirao.

En esta comunidad, el balance de nitrógeno en la agricultura por hectárea se sitúa en niveles muy altos, y las zonas contaminadas, tanto en aguas subterráneas como superficiales, siguen aumentando.

La Orden MAV 398/2022 pretende contribuir a reducir esa presión por medio de la fijación de cantidades máximas de fertilizantes nitrogenados aplicables a suelos agrícolas, lo que sin duda tiene un impacto sobre las producciones vegetales. En ella, se estipula el límite de 170 kg-N/ha cuando el aporte de fertilizantes nitrogenados se realice mediante el empleo de estiércoles.

Cantidades máximas por tipos de cultivo

  • Trigo y triticale de secano, cebada de secano y variedades híbridas de avena y de centeno de secano, 105 kg-N/ha (30+75) como media para producciones de 3.000-4.000 kg/ha
  • Trigo y triticale de regadío, 150 kg-N/ha (40+110), como media para más de 4.000 kg/ha
  • Cebada de regadío y variedades híbridas de avena y de centeno de regadío, 135 kg-N/ha (37,5 + 97,5), como media para 3.000-4.000 kg/ha
  • Avena de secano, 81 kg-N/ha
  • Avena de regadío, 108 kg-N/ha
  • Centeno de secano, 57 kg-N/ha
  • Centeno de regadío, 76 kg-N/ha
  • Maíz de regadío, 324 kg-N/ha (media de 12 t/ha)
  • Judías secas, habas secas, lentejas, garbanzos y guisante seco de regadío, 50 kg-N/ha
  • Lentejas y garbanzos de secano, 30 kg-N/ha
  • Guisante seco de secano, 38 kg-N/ha
  • Veza grano de secano, 10 kg-N/ha
  • Veza grano de regadío, 30 kg-N/ha
  • Patata de regadío, 40×5=200 kg-N/ha
  • Remolacha de regadío, 215 kg-N/ha
  • Girasol, colza y soja de secano, 35 kg-N/ha
  • Girasol, colza y soja de regadío, 105 kg-N/ha
  • Viñedo de secano, 30 kg-N/ha
  • Viñedo de regadío, 60 kg-N/ha
  • Alfalfa y veza de regadío, 30 kg-N/ha
  • Tomate regadío, 220 kg-N/ha
  • Otras hortalizas, 190 kg-N/ha.

Entre otras consideraciones, que se pueden consultar aquí, esta normativa establece también que “no se podrán aplicar fertilizantes nitrogenados en suelos agrícolas cuando pueda haber un riesgo significativo de escorrentía”.

La necesidad de reducir el uso del nitrógeno en cultivos

“Todas las medidas que se están estableciendo están orientadas a una utilización eficiente del nitrógeno”, señala a Syngenta el jefe de servicio de Evaluación Ambiental de la Consejería de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural de la Junta de Castilla y León, José Guirao. “Debe utilizarse de forma adecuada, evitando que se desaproveche y acabe contaminando tanto las aguas superficiales como las subterráneas”.

Los investigadores consideran necesario establecer un equilibrio entre los beneficios resultantes del empleo de fertilizantes nitrogenados en agricultura y las pérdidas que ese mismo uso pueda causar debido a la contaminación producida en el medio ambiente.

En ese sentido, existen estudios que pueden confirmar que la reducción de abonos nitrogenados no repercute ni en la calidad ni en la cantidad de los alimentos producidos. La clave, como señala Guirao, es la innovación, “base fundamental del desarrollo de la agricultura en los próximos años”.

“Cualquier tipo de sistema de investigación que implique un uso más eficiente de nitrógeno permitirá que las limitaciones puedan ser soslayadas y se pueda mantener la sostenibilidad de las explotaciones agrarias”, añade.

Nutribio N, la bioestimulación y fijación natural del nitrógeno.

La propuesta de Syngenta se concreta en Nutribio N, un fertilizante de origen biológico formulado a base del microorganismo endófito Azotobacter salinestris cepa CECT 9690, particularmente eficaz para la fijación de nitrógeno (N) a nivel foliar y radicular. Está especialmente indicado para su uso en cultivos extensivos, sobre todo de cereal (maíz, trigo), aunque también está registrado para agricultura ecológica, algodón, colza, girasol o tomate.

“Esta cepa tiene un triple modo de acción”, señala la responsable de Productos Biológicos de Syngenta España y Portugal, Cristina Romero: “Tiene la capacidad de fijar nitrógeno; de mejorar ese balance de nitrógeno en la agricultura, de ahí la importancia que tiene en zonas vulnerables; y, además, ejerce un efecto bioestimulante sobre el cultivo, lo que va a ayudar a un mejor desarrollo del mismo gracias a un mejor aprovechamiento de ese nitrógeno”.

“En el fondo, lo que estamos haciendo con esto es garantizar que el nitrógeno del aire acaba dentro de nuestro cultivo sin ser unidades fertilizantes que el agricultor tenga que aportar”, concluye Romero (en este punto, agregar cuadro Heras de Ayuso: cebada)

Es necesario dar a conocer esta y otras innovaciones desarrolladas con la finalidad de promover un manejo sostenible de la fertilización. “A los agricultores les está costando porque no se ha sabido comunicar ni el problema ni la obligación de solucionarlo. Se encuentran sorprendidos ante las obligaciones de tener que llevar un cuaderno de campo o de tener que cumplir las limitaciones de abonado y de ciertas prácticas dentro de las zonas vulnerables, etc. Debemos trabajar todos en aras de que la información que reciben sea la más rápida, veraz y accesible”.

Entrevistamos a José Guirao, Jefe del Servicio de Evaluación Ambiental en la Consejería de Medio Ambiente de Castilla y León:

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