Cultivos extensivos

Tecnología para un Girasol más sostenible

Escrito por Syngenta

Año tras año la tecnología en genética de semillas se está convirtiendo en una de las mejores formas de contribuir a la sostenibilidad de la agricultura intensiva. La tecnología empleada en el desarrollo de las nuevas semillas está principalmente dirigida hacia un aumento de su productividad pero también a una reducción de los recursos empleados en su cultivo.

Uno de los casos que más cerca nos queda en nuestro país es el de la semilla de girasol. De las variedades de girasol que se utilizaban hace diez años a las actuales, las mejoras en distintos aspectos que directamente impactan en la sostenibilidad productiva y medioambiental han sido muy notables.

El agricultor a la hora de seleccionar una semilla busca esencialmente que su girasol tenga vigor, precocidad, porcentaje graso y estabilidad año tras año. Con la llegada de la tecnología híbrida estas propiedades se han ido mejorando enormemente. Y ahora ya el productor de girasol busca además optimizar todos los recursos que consume su explotación: agua, fertilizantes, productos de protección de cultivos. Algo que sin duda beneficia su rendimiento y también es una forma de contribuir a unas prácticas más sostenibles en un cultivo con casi 800 mil hectáreas en nuestro país.

Son varias las formas en las que geneticamente la semilla de girasol híbrido optimiza el consumo de recursos. El primero de ellos es la capacidad que hoy en día tenemos para hacer que el cultivo se ajuste a las condiciones geoclimáticas. Encontramos que el productor de girasol puede hacer una siembra más temprana en lugares donde las temperaturas van subiendo a lo largo de los primeros meses del año, lo que se llama de ciclo de corto, o al revés, se pueden extender a ciclos más largos en zonas con temperaturas más suaves. En concreto en Andalucía las variedades de ciclo corto se han optimizado para evitar las pérdidas de planta durante los frecuentes golpes de calor que pueden ocurrir incluso en meses tempranos y tanto en floración como a maduración.  La semilla actual se adapta por lo tanto mejor a las condiciones de poca agua, optimizándose las escasas reservas de agua que tenemos en nuestra tierra.

 

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Un factor igualmente importante que se incorpora a esta nueva variedad es la resistencia a plagas y enfermedades con la consecuente reducción de insumos de sanidad vegetal que esto representa. Hay dos enfermedades particularmente dañinas para el girasol, el Jopo y el Mildiu. El jopo de girasol es sin duda el riesgo más importante de este cultivo, ya que puede provocar pérdidas de hasta el 100% de la cosecha. Se trata de una planta parásita, que no tiene clorofila y necesita un huésped, el girasol, del que se alimenta extrayendo agua y nutrientes.

 

 

 

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El Mildiu del girasol está causado por el patógeno Plasmopara halstedii, un oomiceto que infecta la planta desde los estadios iniciales de su desarrollo. El patógeno es capaz de permanecer en el suelo y en los restos de los cultivos durante años. Hoy en días los avances en mejora genética vegetal y también en la tecnología de protección de la propia semilla hacen que la planta de girasol tenga incorporada una fuerte resistencia a contraer estas dos enfermedades.

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