Oídio en frutales de hueso

Oídio en frutales de hueso

Los frutales de hueso se ven afectados por varias enfermedades, siendo el oídio una de las enfermedades clásicas en estos cultivos. Los daños que provoca disminuyen la calidad de la fruta y en ataques severos llegan a reducir la producción de la cosecha.

El oídio, también llamado cenizo, es una enfermedad causada por los hongos (Sphaerotheca pannosa var. Persicae y Podosphaera tridactyla) y es considerada una de las enfermedades de mayor importancia en los frutales de hueso de todo el mundo, con una incidencia que puede superar el 60% de los frutos. Este se diagnostica fácilmente por su reconocible aspecto de polvillo blanco o cenizo sobre hojas, brotes e incluso frutos, siendo la gravedad de la enfermedad muy ligada a la susceptibilidad varietal. La enfermedad se desarrolla en primavera y otoño y prácticamente desaparece en verano. Dentro de los frutales de hueso más afectados son el melocotonero y nectarino aunque en menor medida también afecta al albaricoque, almendro, así como ciruelo y cerezo.  Inverna en forma de micelio en brotes y yemas infectadas de la campaña anterior.

La temperatura óptima para la germinación de las conidias es de 21ºC por lo que el desarrollo de la enfermedad se produce con temperaturas suaves y humedad relativa elevada.  Ataca a los órganos verdes del árbol, desde yemas, brotes, hojas, inflorescencias, así como ocasionalmente a los frutos. Como se ha indicado anteriormente, la sintomatología típica se presenta en forma de manchas superficiales, de aspecto blanquecino y pulverulento, formadas por el micelio y la esporulación del hongo, que a medida que avanza la enfermedad, va cubriendo los diversos órganos vegetales afectados. A mayor humedad relativa, mayor infección, es por ello por lo que durante la noche las hojas son más sensibles a la enfermedad. Una vez contaminadas, se vuelven cloróticas y pueden sufrir parada del crecimiento, necrosis, deformaciones e incluso la caída del propio árbol. Con respecto a los frutos, estos son sensibles hasta que se produce el endurecimiento del hueso, siendo los síntomas típicos la aparición de manchas circulares de aspecto blanquecino, que se unen y van creciendo progresivamente hasta llegar a infectar buena parte del fruto, provocando su caída o haciéndolo inservible para su posterior comercialización.

crag genómica
Foto cortesía de CRAG (Center for Research in Agricultural Genomics)

Prácticas culturales para el control de oídio en frutales de hueso

El control debe llevarse a cabo combinando adecuadamente los métodos disponibles; uso de fungicidas anti-oídio y buenas prácticas culturales que permitan reducir al máximo la presencia del inóculo y la difusión de la enfermedad en las plantaciones:

  • Elección de variedades poco sensibles: No todas las variedades son igual de susceptibles al oídio El uso de cultivares menos sensibles es la mejor medida de control. Sin embargo, en la elección de la variedad influyen otros factores más determinantes (calidad de la fruta, comercialización, adaptación a las condiciones etc.), pero conocer el grado de susceptibilidad de la variedad de la que disponemos nos permite un mejor control de la enfermedad.
  • Correcto programa de fertilización ajustándolo a las necesidades del árbol y su fenología, considerando, además, las características del suelo, del agua y las condiciones climatológicas. Los árboles que se mantienen en un buen estado nutritivo son capaces de tolerar mejor las plagas, las enfermedades y otras condiciones adversas.
  • Realizar seguimientos periódicos en la plantación para comprobar si hay indicios de la enfermedad y en caso necesario realizar los tratamientos oportunos. Eliminar y destruir el material infectado a fin de reducir su propagación. 
  • Las hojas infectadas caídas deben ser recogidas y destruidas, ya que los conidios pueden sobrevivir durante un período de tiempo en dichos restos.
  • Una poda que mejore la circulación del aire y la eliminación de malas hierbas altas (que representan otra posible fuente de inoculo) son otras medidas útiles que ayudan a reducir la incidencia de la enfermedad.
  • Eliminar los brotes oidiados a lo largo del periodo vegetativo, así como cualquier fruto infectado.
  • El cultivo intercalado con otros cultivos también reduce la facilidad con la que la enfermedad puede propagarse.

Control químico de oídio en frutales de hueso

Actualmente el uso de fungicidas anti-oídio se considera como el método más eficaz para prevenir y controlar de forma eficaz las infecciones de oídio en frutales. El oídio, al ser un hongo de desarrollo externo, suele ser más fácil de controlar que otras enfermedades fúngicas de desarrollo interno y por tanto, bastante sensible a los tratamientos fitosanitarios.  La estrategia anti-oídio tiene dos alternativas; la realización de tratamientos durante la parada invernal, para eliminar el micelio hibernante que pudiera estar localizado en el exterior de los brotes o también el uso de fungicidas durante la vegetación para proteger convenientemente los periodos de riesgo del cultivo. El número final de tratamientos puede variar en función de la sensibilidad varietal, nivel de inóculo de partida y las condiciones climáticas de la campaña, siendo el objetivo fundamental la protección del fruto de los ataques de oídio que depreciarían su calidad comercial. La estrategia correcta debe basarse en tratamientos preventivos, no obstante, en ocasiones se deben llevar a cabo tratamientos en post-cosecha (septiembre-octubre) para controlar el oídio presente en hojas y brotes y reducir la cantidad de inóculo cara a la campaña siguiente.

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