La agricultura regenerativa: un concepto holístico con el suelo como protagonista

La agricultura regenerativa: un concepto holístico con el suelo como protagonista

Directamente conectados a los objetivos de las estrategias ‘De la granja a la mesa’ y ‘Biodiversidad 2030’ de la Comisión Europea se encuentran los principios en los que se basa la llamada agricultura regenerativa, un concepto que gana en calado a medida que es mayor la concienciación sobre la necesidad de avanzar en la consecución de alimentos saludables y sostenibles al tiempo que protegemos el medio ambiente y preservamos la biodiversidad.

Son varios los textos que atribuyen al australiano Darren J. Doherty, experto en permacultura y agricultura ecológica, la ‘paternidad’ de la noción de agricultura regenerativa. Para Doherty, en el fondo de esta filosofía se encuentra la mejora de la calidad de vida de los agricultores. Para ello, se parte de un enfoque holístico y, por el medio, las prácticas de la agricultura regenerativa logran reducir la pérdida de agua y mejoran la calidad de los suelos.

¿Concepto nuevo o conjunción de fuentes?

Profundicemos en la esencia de la agricultura regenerativa. Desde las asociaciones e instituciones que están trabajando en este tema afirman que este sistema bebe de varias fuentes, como la Línea Clave (Keyline Design), la agricultura del carbono (Carbon Farming), el manejo holístico (Holistic Management) con su planificación de pastoreo (Planned Grazing), el cultivo de cereales en pastos perennes (Pasture Cropping), las granjas polifacéticas (Polyface Farms) y, por supuesto, la agricultura orgánica, con la remineralización de suelos, la reproducción de microorganismos nativos, la producción de biofertilizantes y caldos minerales, ente otras.

Se basa en tres principios fundamentales pero ancestrales: la diversificación del cultivo, la reducción del laboreo y la cobertura del suelo con restos de cultivos.

Para estas organizaciones, esta forma de agricultura es “ecológicamente regenerativa”, en tanto que se revitaliza el potencial del ecosistema; “económicamente rentable”, al permitir una reducción de costes y un incremento de rendimientos al agricultor; y “socialmente cohesionadora”, pues ayuda a generar empleo y riqueza social.

Entre las ventajas concretas de este tipo de agricultura, según estas asociaciones, se encuentran la reconstrucción orgánica y la remineralización del suelo; una mayor absorción de dióxido de carbono; la detención de erosión del suelo; la protección de las aguas subterráneas gracias a la reducción de la escorrentía; y la comentada reducción de los costes derivados de la gestión de los cultivos.

Así lo ve Syngenta

El responsable de Agricultura Sostenible de Syngenta, Francisco García Verde, incide en esa definición de agricultura regenerativa como un “concepto holístico de agricultura que tiende hacia unos objetivos ambientales al tiempo que se mantiene la rentabilidad de los cultivos”.

García Verde introduce a un protagonista de excepción: el suelo. En los principios de la agricultura regenerativa, juega un papel fundamental. A los ya mencionados de la minimización de la alteración del suelo, la cobertura del suelo durante la mayor parte del año y la maximización de la biodiversidad en los entornos agrarios mediante la introducción de rotaciones y otras buenas prácticas, el representante de Syngenta añade un cuarto: “optimizar los inputs a través de la gestión integrada de plagas y nutrientes”.

Una correcta puesta en práctica de todos ellos redundará en una serie de beneficios agronómicos y ambientales. “En la parte de los beneficios agronómicos”, indica, “hay una mejora en la materia orgánica, indispensable para una mejor disponibilidad de nutrientes para las plantas; una mayor capacidad de almacenamiento de agua; y un beneficio económico para el agricultor porque se minimizan mucho los costes operacionales”. En cuanto a la parte medioambiental, “se evita la erosión, la escorrentía y se mejora la biodiversidad del suelo, para la que se abre un abanico. Es la gran desconocida. Tiene unos potenciales beneficios para la agricultura por la relación microbiota-planta, que puede mejorar la productividad de los cultivos”. García Verde observa también beneficios adicionales, como el del secuestro de carbono: “Puede generar oportunidad para el sector agrario. La agricultura puede ser un sumidero de carbono si se tiende a la agricultura regenerativa. Con las prácticas recomendadas se puede secuestrar carbono en el suelo y esto puede suponer un beneficio para el agricultor”.

Pero como en todo proceso que supone de alguna manera un cambio de paradigma, surge la lógica duda de la facilidad de su aplicación práctica. García Verde habla de “cambio cultural” desde el momento en el que hablamos de pasar “de labrar a no labrar”, pero considera que el agricultor español es “innovador” y alude a la Política Agraria Común como aceleradora de la evolución. “No a corto plazo; va a ser progresivo. Este concepto va a jugar un papel fundamental porque los legisladores y la food chain están poniendo mucha presión en esta línea”.

“En agricultura regenerativa es indispensable hablar de rotaciones, y meter nuevos cultivos puede hacer que nos enfrentemos a dificultades porque tengan peor salida de mercado o peor precio, pero desde la parte holística es indispensable”, señala el responsable de Agricultura Sostenible de Syngenta.

Syngenta y la agricultura regenerativa

La visión de la agricultura moderna que tiene Syngenta se basa en soluciones agrícolas modernas para asegurar una alta productividad de manera rentable y compatible con la máxima seguridad para el usuario, el consumidor y el medio ambiente. Por ello, el propio enfoque holístico que confiere razón de ser a la agricultura regenerativa aborda varios principios que Syngenta comparte. Entre ellos, el que le toca más de lleno es el de la minimización de los inputs en la agricultura. “Es un aspecto primordial para nosotros. Se está trabajando mucho en esa línea. Se están incorporando nuevos modelos de negocio, como los bioestimulantes, que se adecúan a los objetivos de la Unión Europea y que también defendemos nosotros”, señala García Verde.

“Por otro lado”, añade, “en la parte de biodiversidad tenemos proyectos como ‘Operación Polinizador’ y, ahora, ‘Livingro’, que no solo aborda la parte de encima del suelo sino la de debajo de nuestros pies, estudiando protocolos, modelos de agricultura y utilizando nuevas tecnologías”.

Livingro, que la compañía presentó oficialmente en el Foro para el Futuro de la Agricultura (FFA2021) celebrado el pasado mes de marzo, es un proyecto global de Syngenta cuyo objetivo es poder cuantificar los aportes de la biodiversidad en agricultura para poder demostrar que un ecosistema agrario biodiverso con un suelo vivo es más sostenible y rentable.

Para ello, un equipo multidisciplinar integrado por biólogos, agrónomos, entomólogos y microbiólogos, entre otros profesionales, están estudiando en profundidad el conjunto del ecosistema agrario y las múltiples interacciones de la microbiota del suelo y la macrobiota con el cultivo. En nuestro país, las pruebas se están desarrollando en seis fincas de cultivos leñosos: tres campos de ensayo en melocotones, nectarinas y ciruelas en las provincias de Murcia y de Zaragoza, y otros tres en olivar, repartidos entre Valladolid y Zaragoza.

“Además, la sanidad de los suelos se ha convertido para nosotros en un aspecto fundamental”, afirma García Verde, “y tenemos proyectos en muchos países en los que el manejo de suelos es un aspecto fundamental”.

Como también resulta primordial para Syngenta avanzar en el conocimiento de cómo influye la adopción de estas buenas prácticas agrícolas en la cuestión del secuestro de carbono. En esta sentido destaca el ‘Soil Farming Project’, que Syngenta Europa desarrolla en España, Reino Unido y Francia con el objetivo de demostrar que acometer una agricultura productiva y rentable es perfectamente compatible con cuidar de los recursos naturales, particularmente el suelo y el agua.

El proyecto se encuentra en una segunda fase, pero tras tres años de trabajos ya se pueden sacar algunas conclusiones relevantes, como el aumento del carbono orgánico en el suelo gracias a la adopción de prácticas de manejo respetuosas con el entorno.

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