El dilema global del desperdicio: ¿dónde van nuestros alimentos?

Ya hay distintas iniciativas en marcha que tratan de ayudar a reducir el desperdicio alimentario. El Good Growth Plan de Syngenta incluye entre sus compromisos el aumento de productividad en los principales cultivos pero sin generar un incremento de los insumos. Un ejemplo que ya se está implementando en nuestro país es en el sector de la fruta de hueso donde a través de distintas tecnologías que alargan la vida de la fruta se consigue que esta tenga menores pérdidas en el transporte o en los lineales de los supermercados, además de generar claras ventajas de cara a la exportación.
Aquí más info sobre estas tecnologías.

Publicamos aquí un artículo sobre la problemática global que supone el desperdicio de Vaclav Smil publicado en el Financial Times. Vaclav Smil es un Distinguido Profesor Emérito en la Universidad de Manitoba, Canadá, Miembro de la Sociedad Real de Canadá y autor de cerca de 40 libros interdisciplinarios sobre energía, alimentos, medioambiente y avances técnicos.

 

El dilema global del desperdicio: ¿dónde van nuestros alimentos?

El desperdicio de algunos alimentos, ya se mida por masa o por energía perdida, es inevitable: peladuras de patata, tallos leñosos de brócoli, huesos de carne y cartílago de ternera, cáscaras de huevo, hojas de té. Otros desperdicios se pueden evitar pero son justificables como parte de la ineficiencia cotidiana de la vida humana: alguna rebanada de pan duro, restos de leche o yogur pasada la fecha de caducidad, una pieza de carne o de fruta que rechaza algún niño.

desperdico2  Sin embargo, en la mayoría de los casos el desperdicio de alimentos es innecesario y evitable y, en la última década, ha habido una serie de estudios que nos han mostrado una mejor apreciación de la magnitud del problema así como de su considerable efecto medioambiental y económico.

Este es un cambio favorable. En 1999, cuando estaba investigando en la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación en Roma, lo que mejor recuerdo de la institución es que cientos de sus salas en el antiguo Ministerio de las Colonias de Mussolini estaban llenas de miles de personas preocupadas por aumentar la producción de alimentos, mientras que el estudio sobre el desperdicio de los alimentos se delegaba en un solo hombre en una oficina de una sola sala.

En 2011, cuando la FAO publicó su primer estudio detallado sobre el desperdicio de los alimentos, contrató el trabajo del Instituto sueco para la Alimentación y la Biotecnología.

Ese estudio identificó que se pierde o desperdicia alrededor de un tercio de los alimentos producidos globalmente para consumo humano, 1.300 millones de toneladas al año. Como era de esperar, el mayor desperdicio sucedía en la UE y en Norteamérica con alrededor de 100 kg. por persona y año. Las pérdidas en África subsahariana y el Sudeste Asiático eran mucho más bajas, de 6 a 11 kg.

En 2009, el Programa de Acción sobre Residuos y Recursos (WRAP, por sus siglas en inglés) redactó la primera evaluación británica sobre el desperdicio de alimentos. Utilizando datos de 2007, se llegó a la conclusión de que los hogares británicos desperdiciaban un tercio de sus alimentos, y cerca del 90 por ciento iba a parar a vertederos. Concluía que cerca del 60 por ciento de los residuos eran evitables.

Sin embargo, una actualización en 2013 registró un cambio alentador: el desperdicio de alimentos de los hogares británicos descendió en un 15 por ciento entre 2007 y 2012, desde 8,3 millones de toneladas a 7 millones.

Por otra parte, un estudio estadounidense en 2012 situó el desperdicio de alimentos en toda la cadena alimenticia en el 40 por ciento del suministro de alimentos del país. Otra investigación identificó que, entre 1974 y 2005, el desperdicio de alimentos en EE.UU. había aumentado en un 50 por ciento, con incrementos posteriores.

Las pérdidas a nivel de producción son particularmente altas. Alrededor del 20 por ciento de algunas verduras, la mayoría de frutas y muchos tipos de marisco se desperdician en esta primera fase. Las pérdidas poscultivo se han reducido enormemente en las economías ricas mediante manipulación, refrigeración, congelación, envasados protectores y conservantes. Pero dichas pérdidas siguen siendo altas en los trópicos.

En los países ricos, las pérdidas a nivel doméstico representan la mayor parte del desperdicio de alimentos, no solo de frutas, verduras y mariscos, sino también de grano por el pan que se desperdicia.

desperdicio3¿Por qué los países ricos desperdician tantos alimentos? Las dos razones más obvias son, primero, que producen más de lo que necesitan y, segundo, que venden esos productos muy baratos.

Sin embargo, otro factor, menos reconocido, es el declive de la cocina casera. Alrededor de la mitad de las comidas en EE.UU. se hacen fuera de casa, la mayor fuente de desperdicio de platos, en especial dadas las gigantescas porciones que sirven en los restaurantes estadounidenses. Las personas en los países ricos tienden también a ser observadores entusiastas de las fechas de caducidad, aunque te puedes comer ese yogur un día después de su caducidad sin problema alguno.

La disponibilidad de alimentos en la UE y en EE.UU. es, de media, de unas 3.500 kilocalorías (Kcal) diarias per cápita pero el consumo medio por persona de las poblaciones occidentales, cada vez más sedentarias y envejecidas, no supera las 2.500 Kcal. Esto crea una brecha de 1.400 Kcal (40 por ciento) de residuos.

Y los alimentos son muy baratos: a una familia media estadounidense le cuesta únicamente el 11 por ciento de sus ingresos disponibles. En la UE los consumidores utilizan el 14,5 por ciento del gasto doméstico en alimentos, pero aún así es menor que en el pasado y que en la mayoría de países de ingresos bajos.

Entre los países más prósperos, Japón es la única excepción notable en términos de menor desperdicio de alimentos. Esto se debe a la alta dependencia de la importación de alimentos, un 60 por ciento, y una población más frugal y envejecida. La media de disponibilidad de alimentos diarios es en la actualidad de únicamente 2.400 Kcal per cápita, significativamente más bajo que los chinos y las cantidades de alimentos desperdiciados se quedan en el 20 por ciento del suministro total.

El desperdicio global de un tercio de nuestros alimentos significa que un 30 por ciento de las explotaciones agrícolas se aran, plantan, fertilizan, riegan y cosechan sin un beneficio real. Para empeorar las cosas, estos procesos generan emisiones significativas de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso. Si el desperdicio mundial de alimentos fuera un país, sería el tercer mayor emisor de gases de efecto invernadero del mundo después de China y EE.UU. y necesitaría 250 kilómetros cúbicos de agua anuales, más que el caudal anual del Danubio. Dichas demandas también filtran nitratos en las aguas subterráneas y corrientes que crean zonas costeras muertas, aceleran la erosión del suelo, reducen la biodiversidad y promueven la expansión de bacterias resistentes a los antibióticos.

deseper5Una mayor información sobre los alimentos ayudaría en la campaña de reducción de desperdicio. Habría más cocina casera y se comería menos fuera de casa, pero, a la larga, hay únicamente una medida efectiva, especialmente dado que el consumo de alimentos se acomoda bastante a los precios, que podría reducir sustancialmente el desperdicio en los países prósperos: pagar más por los alimentos que compramos.

Terminar con todos los subsidios alimentarios y aplicar garantías medioambientales relativas a los alimentos cumpliría dicho objetivo, pero los gobiernos occidentales no se muestran dispuestos a seguir ese camino y son escasos los consumidores altruistas dispuestos a comprar alimentos más caros.[:pt]O dilema global do desperdício: porque acaba 1/3 dos alimentos no lixo?

O desperdício de alguns alimentos é inevitável, encaramo-lo como massa ou energia perdidas: peles de batatas, talos de brócolos, ossos e cartilagens, cascas de ovos ou folhas de chá. Há outros desperdícios que se podem evitar, mas são justificáveis à luz do que é o dia-a-dia da sociedade moderna: uma fatia de pão duro, restos de leite ou iogurte fora de prazo, uma garfada de carne ou um pedaço de fruta que os nossos filhos deixaram no prato.

desperdico2

No entanto, na maioria dos casos o desperdício alimentar é desnecessário e pode ser evitado. Na última década, vários estudos vieram pôr a nu a verdadeira dimensão do problema e os seus impactos no ambiente e na economia.

Esta mudança é positiva. Em 1999, quando eu era investigador da Organização das Nações Unidas para a Alimentação e Agricultura (FAO), em Roma, recordo as centenas de salas do antigo Ministério das Colónias de Mussolini, cheias de milhares de pessoas focadas no desafio de aumentar a produção de alimentos, ao passo que o estudo sobre o desperdício alimentar estava a cargo de um único homem, numa única sala do edifício.

2011, quando a FAO publicou o primeiro estudo profundo sobre o desperdício alimentar, delegou a missão no Instituto Sueco para a Alimentação e Biotecnologia. Este estudo revelou que se desperdiça cerca de um terço dos alimentos produzidos para alimentar a população mundial, ou seja, 1.300 milhões de toneladas/ano. Não foi surpresa constatar que o maior nível de desperdício ocorre na União Europeia e na América do Norte, rondando os 100kg/pessoa/ano, enquanto na África subsaariana e no sudoeste asiático os níveis de desperdício se ficam pelos 6 a 11kg.

Em 2009, o Programa de Ação sobre Resíduos e Recursos (WRAP na sigla em inglês) publicou o primeiro diagnóstico sobre o desperdício alimentar no Reino Unido. Usando dados de 2007, concluiu que os lares britânicos desperdiçavam um terço dos seus alimentos e cerca de 90% acabava em aterros. A principal conclusão deste estudo: 60% dos resíduos resultantes deste desperdício eram evitáveis.

Mais tarde, em 2013, ocorreu uma mudança positiva: o desperdício alimentar nos lares britânicos diminuiu 15%, entre 2007 e 2012, passando de 8,3 milhões para 7 milhões de toneladas.

Do outro lado do Atlântico, um estudo norte-americano publicado em 2012 indicava que 40% dos alimentos que entram na cadeia alimentar do país acaba no lixo. Outro estudo concluiu que, entre 1974 e 2005, o desperdício alimentar aumentou 50%, e continuou a subir posteriormente.

As perdas são particularmente elevadas na origem da cadeia de abastecimento, ou seja no produtor.  Cerca de 20% de alguns produtos hortícolas, a maioria dos frutos e diversos tipos de marisco desperdiçam-se nesta primeira fase. Nas fases seguintes já se conseguiu reduzir-se enormemente as perdas, através de processos de manipulação, refrigeração, congelação, embalagens protetoras e  uso de conservantes. Ainda que o desperdício continue a ser elevado nos produtos tropicais.

Nos países ricos, os resíduos geram-se sobretudo nas nossas casas, não apenas de frutas, legumes e mariscos, mas também de sementes, atendendo à quantidade de pão que acaba no lixo.

desperdicio3

Mas afinal porque desperdiçamos tantos alimentos nos países ricos? As duas razões mais óbvias são: em primeiro lugar, produzimos mais do que é necessário, e em segundo, os produtos são vendidos a preço baixo.

Mas existe outra justificação menos evidente, a diminuição das refeições em casa. Cerca de metade das refeições nos EUA são feitas fora de casa, o que gera um enorme desperdício de alimentos, em especial devido às doses “industriais” que se servem nos restaurantes dos EUA. Por outro lado, os consumidores dos países ricos são entusiastas excessivos dos prazos de validade dos alimentos, esquecendo que um iogurte que passe um dia do prazo de validade está em perfeitas condições para ser consumido.

A disponibilidade de alimentos na UE e nos EUA é em média de 3.500 quilocalorias (Kcal) diárias per capita, embora o consumo médio por pessoa nas sociedades ocidentais, cada vez mais sedentárias e envelhecidas, não ultrapasse as 2.500 Kcal. O que desde logo gera 1.400 Kcal (40%) de resíduos.

Os alimentos são muito baratos: numa família média norte-americana a alimentação pesa apenas 11% no orçamento familiar, enquanto na UE os consumidores gastam cerca de 14,5% do seu orçamento doméstico neste mesmo item, bastante menos do que as gerações suas antecessoras e do que nos países de baixos recursos.

Entre os países ricos, o Japão é a única exceção à regra no que respeita ao desperdício alimentar. Algo que se explica pela elevada dependência dos japoneses da importação de alimentos, cerca de 60% do total, mas também pela baixa natalidade e envelhecimento da população. Cada japonês tem disponíveis em média 2.400 Kcal por dia (muito menos do que um chinês) e o desperdício alimentar no país ronda os 20% da disponibilidade total.

O desperdício global de um terço dos nossos alimentos significa que 30% das explorações agrícolas são cultivadas, semeadas, regadas e fertilizadas sem um benefício real. O pior é que estes processos geram emissões avultadas de dióxido de carbono, metano e óxido nitroso.  Se o desperdício mundial de alimentos fosse um país, seria o terceiro maior emissor de gases com efeito de estufa do mundo, depois da China e dos EUA. E necessitaria de 250 km3 de água por ano, mais do que o caudal do rio Danúbio. Esta atividade agrícola é responsável pela emissão de nitratos nas águas subterrâneas e superficiais, que originam zonas costeiras mortas, aceleram a erosão do solo, reduzem a biodiversidade e promovem a expansão de bactérias resistentes aos antibióticos.

deseper5

Mais informação sobre Alimentação ajudará a sensibilizar a Sociedade para o problema do desperdício alimentar, contribuindo para a mudança de hábitos: comer mais em casa do que no restaurante.  Mas apesar de tudo, parece-nos que apenas uma medida é realmente eficaz para debelar o problema: aumentar o preço dos alimentos, fazendo com que a compra das quantidades se ajuste ao estritamente necessário.

Acabar com os apoios públicos à agricultura e aplicar “taxas” ambientais aos alimentos, poderia ser uma solução, no entanto, os governos ocidentais não estão dispostos a seguir esta via e são poucos os consumidores altruístas, dispostos a pagar mais pelos alimentos.

Comparte este post

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.