Bioestimulantes: qué son, cómo funcionan. Una aproximación teórica

Bioestimulantes: qué son, cómo funcionan. Una aproximación teórica

El concepto de bioestimulación aplicado al trabajo agrícola lleva tiempo entre nosotros, aunque no ha sido hasta hace pocos años cuando ha alcanzado un estatus destacado entre las principales prácticas de sanidad vegetal.

Los efectos devastadores del cambio climático, entre los que se puede contar al calentamiento global o la pérdida de la biodiversidad, y la necesidad de asegurar alimentos sanos, seguros y suficientes para una población en aumento, han acelerado la búsqueda de un modelo de producción agrícola más sostenible en el que los bioestimulantes ocupan un papel cada vez más protagónico.

Pero, ¿qué son los bioestimulantes?

En el nuevo reglamento europeo de fertilizantes (Reglamento UE 2019/1009) se da la siguiente definición del ‘bioestimulante de plantas’: “producto que estimula los procesos de nutrición de las plantas independientemente del contenido de nutrientes del producto, con el único objetivo de mejorar una o varias de las siguientes características de la planta o su rizosfera: a) eficiencia en el uso de nutrientes; b) tolerancia al estrés abiótico; c) características de calidad; d) disponibilidad de nutrientes inmovilizados en el suelo o la rizosfera”.

Por su parte, según la Asociación Española de Fabricantes de Fabricantes de Agronutrientes (AEFA), “los bioestimulantes agrícolas actúan sobre la fisiología de la planta de diferentes formas y por diferentes vías para mejorar el vigor del cultivo, el rendimiento y la calidad de la cosecha”.

Una tercera definición la da el doctor Patrick du Jardin, jefe de Biología Vegetal de la Facultad de Ciencias Agronómicas de Gembloux (Universidad de Lieja), y uno de los mayores expertos en bioestimulación del mundo, en su publicación ‘The science of plant biostimulants: A bibliographic analysis : final report’: “Varias sustancias y materiales, cuando se aplican a plantas o sustratos de cultivo, tienen una capacidad demostrada para modificar la fisiología de las plantas, promoviendo su crecimiento y mejorando su respuesta al estrés”.

¿Cómo actúan los bioestimulantes? ¿Cuántos tipos hay?

En el mencionado trabajo, du Jardin destaca que todos los bioestimulantes ofrecen múltiples modos de acción, tanto como aditivos como sinérgicos, y señala que los dos parámetros fisiológicos que explican el uso de bioestimulantes son la eficiencia nutricional y la capacidad de respuesta al estrés abiótico.

Estos productos pueden ejercer su acción tanto dentro como fuera del organismo de la planta.

También recuerda que los efectos físicos, metabólicos, de regulación genética y hormonales participan en la actividad de los bioestimulantes.

Asimismo, el profesor de la Universidad de Lieja señala que la bioestimulación se logra mediante sustancias con naturalezas químicas contrastantes, desde compuestos inorgánicos simples hasta biomoléculas complejas. Y añade que es condicional: los efectos pueden depender del estado nutricional de la planta, los parámetros del suelo, la presión de patógenos, las condiciones de estrés abiótico, etc.

Tal y como defienden desde AEFA, un correcto empleo de los bioestimulantes optimiza el desarrollo de los cultivos al perfeccionar la nutrición de las plantas a lo largo de todo su ciclo vegetativo. Y unas plantas con buen desarrollo son más fuertes ante patógenos, lo que permite reducir la aplicación de determinados fitosanitarios.

¿Existe un momento ideal para la aplicación de un bioestimulante en un cultivo? Los expertos coinciden en la necesidad de realizar en primer lugar una valoración del estado fenológico del mismo así como del proceso que se quiere perfeccionar. En ese sentido, cualquier momento puede ser el óptimo, desde las etapas tempranas del cultivo, fortaleciendo el desarrollo radicular de las plantas, hasta momentos más tardíos, favoreciendo el asentamiento de los frutos.

En la actualidad existe una amplia variedad de bioestimulantes para uso agrícola. En la red de especialistas en agricultura Agriculturers enumeran los más frecuentes: fitohormonas; ácidos húmicos y fúlvicos; extractos de algas y de plantas; quitosanos y otros biopolímeros; compuestos inorgánicos; hongos beneficiosos; aminoácidos y mezclas de péptidos; y moléculas nitrogenadas como tricontanol, betaínas, poliaminas, estrigolactonas y brasinoesteroides.

Syngenta y los bioestimulantes

Dentro de su catálogo para protección de cultivos, Syngenta cuenta con tres productos referencia en bioestimulación agrícola: Isabión, Nutribio N y Zetaminol.

  • Isabión es un nutriente orgánico de rápida y total absorción por las plantas a base de 10,3% aminoácidos libres obtenidos mediante hidrólisis ácida de proteínas animales (colágeno), 10% nitrógeno (N) total en forma de nitrógeno orgánico (proteico) y 29,4% carbono orgánico.
    • Es un producto especial para aplicación foliar y fertirrigación que contiene aminoácidos y oligoelementos que estimulan el crecimiento.
    • Se puede emplear en multitud de cultivos: frutales, cereales, hortícolas, forrajeras, etc.
  • Nutribio N, por su parte, es un producto de acción específica natural a base del microorganismo Azotobacter salinestris, particularmente eficaz para la fijación del nitrógeno (N).
    • Estimula los procesos de los cultivos mediante la activación de fitohormonas naturales, ácidos orgánicos y sideróforos.
    • Se trata de un producto apto para su uso en agricultura ecológica (trigo, maíz, girasol, hortícolas, tomate, etc.)
  • Zetaminol ejerce como bionutriente especial para aplicación foliar y fertirrigación con alta riqueza en aminoácidos, NPK y oligoelementos quelatados que estimulan el crecimiento.
    • Se puede utilizar en cítricos, frutales, hortícolas, olivo y vid.

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