Agricultura de Conservación y Cambio Climático

Agricultura de Conservación y Cambio Climático

Resulta indudable que el modelo basado en el laboreo mecanizado ha supuesto un avance para la agricultura española desde hace más de medio siglo. Sin embargo, las circunstancias van cambiando y actualmente este modelo ha pasado a ser insostenible, ya que emite Gases de Efecto Invernadero (GEI) y no favorece la adaptación de los cultivos frente a los efectos previstos del cambio climático.

En los ecosistemas agrícolas el suelo constituye un recurso natural clave en relación a este proceso, gracias a su potencial para secuestrar el CO2 de la atmósfera e incorporarlo en su interior en forma de carbono orgánico. No hay que olvidar que el suelo constituye la mayor reserva de carbono (C) de los ecosistemas terrestres y la segunda a nivel mundial detrás de los océanos. Al realizar el laboreo se altera el contenido de carbono orgánico en el suelo, mermando así su potencial como sumidero. De hecho, varios autores coinciden en que la alteración mecánica del suelo por labranza es una de las mayores causas de la disminución de carbono orgánico del suelo.

 

¿Qué es la Agricultura de Conservación?

Desde el sector agrario se han propuesto acciones de mitigación que buscan por una parte fijar el carbono ya presente en el suelo, a la par vez que se reducir las emisiones de GEI provocadas por la propia actividad agrícola. Estas medidas se encuadran a la perfección en la llamada Agricultura de Conservación, considerada como «el conjunto de prácticas agrícolas que permiten el manejo del suelo para usos agrarios alterando lo menos posible su composición y estructura, mejorando la biodiversidad y los recursos naturales, sin menoscabo de la rentabilidad de las explotaciones”. La Agricultura de Conservación por tanto constituye una potente herramienta frente al Cambio Climático, ya que además de actuar sobre el CO2 que se libera a la atmósfera, permitirá afrontar los importantes retos que suponen sus distintos efectos: menos recursos hídricos y una mayor incidencia tanto de fenómenos meteorológicos extremos como de nuevas plagas y enfermedades.

Los 3 pilares de la Agricultura de Conservación: siembra directa, mantenimiento de la cobertura vegetal y rotación de cultivos.

La Agricultura de Conservación se basa en tres pilares fundamentales: la siembra directa, el mantenimiento de una cobertura vegetal permanente, y las rotaciones de cultivos anuales. La Siembra Directa es sin duda la práctica agronómica más representativa en cultivos anuales y consiste en suprimir el laboreo, realizándose la siembra directamente sobre los restos vegetales del cultivo anterior. Además de mejorar su integridad estructural, dichos restos cumplirán varias funciones positivas sobre el suelo y los propios cultivos. En el caso de los cultivos leñosos se recurre al mantenimiento de cubiertas vegetales entre las hileras de los árboles que protegen el suelo de la erosión provocada por la lluvia, especialmente cuando se produce de forma torrencial. El tercer pilar es complementario de los anteriores y consiste en programar rotaciones y diversificar cultivos anuales, ya que estas prácticas agronómicas permiten un mejor control de mejor plagas y enfermedades, mejorar la fertilidad natural del suelo y fomentar la biodiversidad.

 

El compromiso de Syngenta

Dadas sus múltiples ventajas a la hora de aumentar la fertilidad de las tierras de cultivo, Syngenta ha prestado desde siempre una especial atención a la difusión de la agricultura de conservación, participando activamente en diversos proyectos y colaborando con la Asociación Española de Agricultura de Conservación (AEAC.SV).

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